Los Toronto Raptors están en modo intratable. Esta vez necesitaron la versión más fría de Brandon Ingram, que se jugó el último balón del partido ante los Indiana Pacers y clavó una suspensión a falta de 0,6 segundos para sellar el 97-95. Canastón, locura en el Scotiabank Arena y novena victoria consecutiva para un equipo que no conoce la palabra rendirse.

Toronto Raptors vs Indiana
La jugada final fue de estrella grande: Ingram recibió emparejado con el exraptor Pascal Siakam, lo atacó en uno contra uno, lo fue empujando hacia atrás y, cuando tuvo su espacio en la media distancia, se levantó para un tiro limpio desde unos 14–15 pies. La bola entró sin tocar el aro y dejó a los Pacers sin margen de respuesta.
Ingram terminó con 26 puntos y 8 rebotes, asumiendo el peso ofensivo en un partido muy trabado en el que los Raptors no estuvieron nada finos desde el triple (5/26). El otro gran puntal fue Scottie Barnes, con 24 puntos y 10 rebotes, perfecto desde la línea de tiros libres y sumando en todo: rebote, energía y defensa sobre interiores y exteriores.
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Indiana no se quedó corta: T. J. McConnell y Bennedict Mathurin mantuvieron a los Pacers dentro del partido hasta la última posesión. De hecho, tras la canasta de Ingram, Mathurin dispuso de un triple forzado sobre la bocina que se quedó corto. Pequeños detalles que marcan una noche de torneo.
Con este resultado, Toronto se convierte en el primer equipo en cerrar la fase de grupos de la NBA Cup con 4–0, asegurando factor cancha en su cruce de cuartos del Este. La racha de nueve victorias y el nivel defensivo han hecho que muchos analistas empiecen a hablar de los Raptors como uno de los proyectos más serios de la temporada.
La afición en Canadá está encendida, y no es para menos: nuevo referente ofensivo con Ingram, un Barnes cada vez más completo y un bloque que gana incluso cuando no entra el triple. Si siguen con esta inercia, nadie querrá cruzarse con ellos ni en la NBA Cup ni en los playoffs.